Perfil: Miguel A. Torres R.

El hombre que sabía demasiado

05 de Julio de 2018

Un adelantado. Un catalán de tomo y lomo que bordeando los 80 años sabe más que todos nosotros juntos de los efectos del calentamiento global y de la brutalidad del capitalismo salvaje. Aunque dejó la gerencia de Torres, Miguel Torres Riera sigue siendo un personaje fundamental.

 

ENTREVISTA ANA MARÍA BARAHONA. / FOTOGRAFÍA SEBASTIÁN UTRERAS L. / PRODUCCIÓN CLAUDIA MALUENDA G.

 

Fue Hombre del Año según Decanter en 2002. El año pasado los Master of Wine le entregaron un reconocimiento a su trayectoria. En Chile hace solo unos días su país le agradeció por haber hecho tanto por la marca España en este territorio.

Miguel A. Torres Riera goza de un aura de súper estrella del vino. Mientras esperamos que termine un almuerzo en el restaurante Ox el mismo día en que llegó, los mozos del local y algunas personas del público se agolpan para sacarse una foto con él. Para que les autografíe una botella de vino, para contar que estuvieron abrazados con ese catalán que a fines de los setenta se inscribiera para siempre en la historia del vino chileno. Y eso es solo un capítulo de su generosa vida, la que hoy lo mantiene ocupando la presidencia de Torres enfocado en auditorías, algunos temas legales y yendo todos los martes sagradamente a la oficina. Aunque viaja a otros lugares si su hijo se lo pide, tiene la potestad en Rusia y Alemania. El resto del tiempo lo ocupa como Presidente de la Federación Española del Vino y los temas medioambientales..., ah y en seguir aprendiendo idiomas como el ruso, japonés y chino y en sus clases de guitarra donde se divierte cantándole a sus nietos canciones de Julio Iglesias o Lucho Gatica.

-La marca Torres es la más admirada del mundo y para quienes votaron sigue siendo un valor que sea una empresa familiar. ¿Qué rol le sigue otorgando usted ahora que esté la quinta generación dirigiendo Torres?

Yo les digo a mis hijos medio en broma pero también muy en serio, que si un día van a bolsa se irán al infierno. No puede ser.

-¿Por qué tan tajante?

Cambia la empresa, cambian los valores, su alma. Empiezan a tomar decisiones pensando solo en el dinero. Te voy a poner un ejemplo: la semana pasada estuve en China donde hemos creado una fundación y hoy estamos ayudando a niños con problemas de audición. Imagínate que soy un ejecutivo de una empresa multinacional y vuelvo y digo: nos gastamos 200 mil dólares en China en una cosa de los niños. ¡¿Qué?! Gritarían a los cuatro vientos. Entonces, son dos mundos y yo me quedo con el de la familia porque nos permite pensar con visión de futuro.

-Vuestro compromiso ambiental es muy fuerte. En Chile por lo menos está muy en pañales la toma de conciencia.

El tema es tan grave, que lo raro sería que cada una de las personas no se movilice. Estamos creando un club internacional que queremos armar de bodegas que estemos trabajando para reducir emisiones. Podemos llegar al momento en que los océanos empiecen a liberar calor y ese es el momento del terror.

-¿Cuál es el rol que le correspondió a su generación y qué rol le asigna hoy a sus hijos frente al mundo del vino actual?

Mi generación ha intentado situar la bodega en otro nivel cualitativo con iniciativas como, por ejemplo, vinos de finca como Mas La Plana, Grans Muralles, Reserva Real o Manso de Velasco. Hemos expandido a Chile y California y iniciamos el proyecto de las variedades de uvas catalanas "perdidas". Hoy la quinta generación está buscando vinos nuevos, van hacia la premiumnización de la empresa, están siendo reconocidos. Pero también creo que su mundo es más complejo... me gustaría cam- biar el capitalismo salvaje pero no se puede.

-¿Les corresponde a ellos conquistar nuevos territorios? Lo suyo con Chile fue arriesgado entendiendo que estábamos en plena dictadura militar (1979).

Lo hemos hablado en familia. Mi opinión es que no podemos tener más aventuras en otros países. Tenemos ofertas para ir a hacer vinos en México, India y Perú, pero la verdad es que necesitas foco. Tenemos tantos vinos ya, hay que hacerles seguimiento y hay que acordarse de todos.

-Usted llegó a un Chile muy distinto al de hoy hace 40 años. ¿Cómo ve hoy el negocio del vino en Chile?

Creo que el sector del vino en Chile ha cambiado bastante en los últimos 40 años. Y también creo que el consumidor final está listo para dar el siguiente paso hacia más vinos Premium de Chile. Cada vez más somos conscientes de que nuestras decisiones y elecciones como consumidores tienen un gran impacto en nuestro planeta.

-Hábleme del campo de 740 hectáreas que adquirieron hace un par de años en la Patagonia. ¿Es para fines forestales?, ¿piensan probar algo con vitis?

Se trata de un campo que se destina a actividades forestales exclusivamente. Ahora se va estudiar el tipo de pino más adecuada, porque el bosque es lo que más ayuda a reducir la huella de carbono. Esperamos llegar en 2030 a reducir el 30% y la meta mundial debería ser el 50%.

-Sé que están ad portas de reabrir su restaurante en Santiago. ¿Qué foco tendrá y por qué vuelven a insistir en un restaurante en Santiago? Efectivamente trabajamos internamente en un nuevo proyecto gastronómico.

Será un restaurante que destacará por su cocina de autor con una variada carta de productos de máxima calidad y frescura, que derivan del trato cercano con proveedores de diversos rincones de Chile. Creo la gastronomía es una excelente amiga para promocionar nuestros vinos.

-¿Toma vinos chilenos que no sean Miguel Torres?, ¿hay alguna variedad o marca que le guste?

¡Naturalmente! Soy viticultor y me encanta el vino. Por lo tanto, intento probar distintas etiquetas de muchos países, pero especialmente de Chile y en concreto vinos Lapostolle, Loma Larga, Viñedos de Alcohuaz, entre otros.