El navegante

Perfil: Laurence Ward Odfjell

15 de Mayo de 2018

Vivió siete años en Chile, a cargo de la viña familiar. Desde el 2010 es el Chairman of the Board de Odfjell SE, la gigantesca compañía naviera de transporte de origen noruego, fundada el siglo pasado por sus ancestros. Vive en Singapur, viaja por todo el mundo, añora Chile. Y le gustan sus vinos.

POR ALEJANDRO JIMÉNEZ

FOTOGRAFÍA: SEBASTIÁN UTRERAS

Laurence (1965) se enteró casi por casualidad que su padre, Dan, había adquirido unas tierras en un país llamado Chile y que planeaba hacer una viña. Su Master en Arquitectura en la Universidad de Yale lo alejaba de las pláticas técnicas sobre barcos tanqueros, flotas y rutas marítimas, el principal negocio familiar. Pero cuando oyó de viñas y bodegas intentó que su padre –que vive su retiro en Chile desde hace algunos años- lo pusiera a cargo de lo que era entonces el proyecto de viña Odfjell. Tras dos años de tiras y aflojas, el patriarca cedió: “Por lo menos vas a ser honesto”, le dijo.

¿Cómo ves hoy desde fuera de Chile el vino chileno?

Me llama mucho la atención el positivo desarrollo del vino chileno, la diversidad de valles, cepas, maneras de hacer vinos. Es una revolución, Chile está mostrando una diversidad grande y hay mucho más que mostrar.

¿Cómo era hace 20 años cuando se inició viña Odfjell?

Recuerdo que casi lo único era el cabernet sauvignon del Maipo. Y además los vinos tenían mucha azúcar residual. Lo que llamo el hoyo chileno: en la boca el vino partía arriba, bajaba en la mitad y volvía a subir al final. Hoy día los vinos son de mejor calidad, tienen mejor acidez, están mejor preparados para la guarda.

Hay más diversidad también...

Chile siempre tuvo buenos productores, pero ahora hay una explosión, una tremenda diversidad, que encuentro muy rica.

A ti te gusta colaborar con estos vinos de productores pequeños.

Sí, claro. Uno de los desafíos es lograr una mejor colaboración porque hay que entender que el vino es un proyecto país. Todos ganamos si al país le va bien. Por eso abrimos nuestra casa para trabajar con productores independientes, de los cuales también aprendemos.

¿Y esa colaboración se extiende a las grandes viñas?

También, pero hay que jugar más en equipo. Fuera de Chile siempre parto hablando del contexto positivo del vino chileno. Porque si a esta categoría de “vino chileno” le va bien, es mucho más fácil para nosotros vender nuestros vinos.

¿A ti te influye cuando a un vino chileno le dan 100 puntos?

Eso es fantástico, hay que aplaudirlo. Si alguien no se alegra por eso, quiere decir que tiene algún problema de comprensión serio.

¿Cuáles son los desafíos del vino chileno?

Todavía existe la categoría de vino chileno “bueno y barato”, que es muy fuerte y Chile es muy bueno en ella. Eso también es un logro y no la estoy menospreciando, pero hace más difícil que otros se posicionen en categorías superiores de precios. Hay que trabajar en mostrar que hay otros vinos de mayor valor y más calidad.

Odfjell además apunta a una categoría orgánica y biodinámica...

Sí, es una categoría que de una manera u otra permite salir de lo bueno y barato. A una persona que le interesa lo orgánico y biodinámico tú le estás hablando de sus valores, está buscando un producto que se conecte con sus valores, y en ese momento el precio no es lo más importante.

Además esos conceptos definen a la viña en su forma de hacer los vinos...

Bueno, tú nos conoces desde que lanzamos nuestro primer vino en 1999 que tal vez no era... de lo mejor. Pero cuando tomamos el camino orgánico y biodinámico nos dimos cuenta que la calidad de la uva era cada vez mejor, y nos convencimos y estamos convencidos, que es un camino sin vuelta atrás. No queremos mitigar un impacto negativo sino producir un impacto positivo, y eso es lo que hemos visto. Es una satisfacción y tiene, también, un poder importante.

¿Cómo ves a la viña Odfjell en el futuro?

Queremos ser conocidos como una viña top en vinos orgánicos. Chile tiene unas condiciones muy favorables desde el punto de vista agrícola. Queremos ser “top premium organic wine” en el mundo. Y queremos llegar a unas 100 mil cajas de producción.

¿Has pensado en que en algún momento vas a volver a instalarte en Chile?

Por supuesto, me encantaría. Los siete años que pasé en Chile han sido los mejores de mi vida profesional y personal. Trabajé mucho, lo pasé bien. Y cada vez que vengo me pregunto en qué momento se me ocurrió aceptar el cargo que tengo hoy (risas). En Chile tengo amigos.

¿Es más difícil el negocio naviero o el de los vinos?

Por lejos, el vino. Si entras a una tienda y ves la oferta es el wine drinkers world... hay una variedad impresionante. El negocio naviero es duro, oferta y demanda, pero no tengo seis mil competidores, solo 10 a nivel local y tres a nivel global. Mi botella en una góndola con miles de otras, ¿cómo va a hacer la conexión con alguien para que la elija? Creo que el tema de los valores nos va a ayudar, cómo transmitimos lo que creemos y la propuesta Chile.