Elena Pantaleoni "Resistencia Natural"

18 de Diciembre de 2017

Textos : Alejandro Jiménez

La alma mater de La Stoppa, la viña de Emilia-Romagna, que su padre compró en 1973, es una visitante permanente de Chile. Se hizo cargo hace 26 años de aquella bodega tras la muerte de su progenitor, mientras su madre optaba por vivir en este lejano yextraño país viñatero. Su  padre, un tipógrafo de Piacenza, adquirió la Stoppa por su amor al campo y al vino, el mismo que profesa Elena, con radical naturalidad, defendiendo el espíritu de la producción ancestral, el mismo principio que ha usado para producir su primer vino chileno, Pisador, de uva país, junto a su socio Nicola Massa.
Usted tuvo un repentino salto a la fama después del documental Resistencia Natural de Jonathan Nossiter, el autor de
Mondovino. ¿Cómo se dio eso?
El 2004, cuando salió Mondovino en Italia, eran años difíciles para los viñateros tradicionales o artesanales. Se decía que nuestros vinos no eran buenos, que eran viejos. Con Mondovino pude constatar que no estaba sola, que había gente que compartía mi filosofía, que había otros locos como yo. Nossiter fue una persona que me ayudó a través de su documental. Después él se fue a vivir a Italia con su familia. Nos conocimos en una feria y nos hicimos amigos. Comenzó con la idea de hacer una pequeña parte de un documental que estaba rodado, pero no publicado. Al final decidió hacer un solo documental sobre algunos viñateros artesanales italianos, lo que fue muy bueno para nosotros.

¿Por qué fue importante para usted?
Porque pone el acento sobre una manera de vivir, y no solo una contraposición entre vino natural e industrial.

¿A usted le gusta el concepto de vinos naturales? ¿Se siente identificada con eso?
No, yo siempre hablo de vino, y punto. Son los otros los que deberían llamarse de otra manera. Esto no es vino natural es simplemente vino, y ha sido así por siglos, siempre hecho de la misma manera. Solo en los últimos 50 años todo cambió muy rápido con la tecnología, la enología, la prensa norteamericana.

¿Prefiere vino artesanal?
Simplemente vino, esto que hacemos nosotros es vino; lo otro es una bebida alcohólica, industrial. Porque usted sabe: el vino puede ser hecho casi en cualquier lugar, incluso bien hecho. Pero eso es distinto a los vinos de terroir. Ser “natural”, menos intervencionista, es una consecuencia de hacer un vino que exprese un lugar, una vendimia, una uva. La barbera de mi casa es muy distinta a la barbera de Asti y la d’Alba.

Sin embargo, una gran viña, “industrial” bajo su concepto, también puede hacer vinos de terroir.¿O no lo cree posible?
Primero, sin terroir no se puede hacer un vino bueno. Sin embargo, a eso hay que agregar la sensibilidad de las personas y claramente, el tamaño de la bodega. En un concepto artesanal también hay un concepto de límite: no necesito tener 300 hectáreas porque eso sería otro negocio. Para mi un trabajo artesanal tiene que ser adecuado para que trabajen, no sé, 10 personas. Si quiere hacer 10 millones de botellas el concepto cambia completamente.

¿Usted dentro del concepto de vinos naturales o artesanales incorpora la forma de hacer los vinos con baja intervención, sin sulfitos, por ejemplo?
Sí, claro. Primero, respeto por el campo, no agregar cosas químicas, tener las uvas adecuadas para los lugares específicos, porque de esa
forma necesita menos químicos, solo azufre y cobre. Los que trabajamos en el campo tenemos la primera responsabilidad: ser respetuosos
con la tierra, que es un bien común. Mi campo no es solamente mío, es decir, es mío por un tiempo limitado en la historia. Segundo, la uva
no necesita tantas cosas para convertirse en vino si es que hay uva buena. Por ejemplo, no es necesario usar levadura seleccionada porque cambia el gusto del vino.

Ocurre muchas veces que bajo el concepto de vinos naturales hay etiquetas que técnicamente son defectuosas...
Ese es un tema interesante, porque, ¿qué es el defecto? Depende mucho del equilibrio del vino. Yo tengo vinos que tienen una acidez volátil muy alta, pero no se siente, porque el vino tiene un carácter, una estructura, una fuerza que lo equilibra. Ese mismo dato técnico
en otro vino puede ser muy malo. Este es un tema más intelectual.
¿Todo cambia?
El gusto cambia y la percepción del defecto también cambia. En estos 26 años ya lo viví. Ahora los jóvenes se compran los pantalones con los defectos incluidos. Entonces, ¿qué es un defecto en el vino? Es muy relativo. Creo que lo importante es que hay una manera de hacer artesanal y otra industrial. La manera artesanal es: vemos dónde estamos, cómo estuvo la vendimia, hacemos el mejor vino que podemos y buscamos los clientes para ese vino. La manera industrial es: tengo una idea de vino que el mercado quiere, y no importa dónde, no importa con qué cepa, lo hago en la bodega utilizando todos los elementos para que ese vino se ajuste a lo que quiere el mercado. Ese resultado tiene que ser serial, cada año lo mismo, porque el cliente se acostumbra a esa continuidad y le da seguridad. Por ejemplo, la Coca Cola tiene un valor de seguridad porque es siempre igual.

¿Qué tal su primer vino chileno, Pisador?
Me gusta, y con mucha humildad, he querido extraer el carácter profundo de ese país, con una intervención mínima, de la misma forma que lo hacemos en Italia.