Francisco Baettig: la hora de la verdad

Autor: Ana María Barahona

30 de Junio de 2020

FOTOGRAFÍA: SEBASTIÁN UTRERAS. PRODUCCIÓN: CLAUDIA MALUENDA.

Acaba de presentar su propia marca de vinos -Baettig- y llegó a acuerdo para seguir como Director Técnico de Viñedos Familia Chadwick. Uno de los enólogos más exitosos de su generación, asume su responsabilidad con Chile.

¿Qué te hizo tomar la decisión de partir tu proyecto personal?
El dicho “otra cosa es con guitarra” tal vez lo resume. Quería ver si podía hacer algo que sumara. El desafío personal también me gustaba. También quería capitalizar mis ahorros, tratar de dejarle algo a mis hijas. Y por último está el deseo de pasarlo bien y aprender.

¿Por qué decidiste que serían vinos de chardonnay y pinot noir, siendo que probablemente tus mayores éxitos en puntajes y ventas con Errázuriz han sido con cabernet sauvignon y mezclas tintas?
Hay una conexión familiar con la zona. Además, hacía tiempo que le seguía los pasos al chardonnay Sol de Sol de Aquita- nia. Sabía que el lugar tenía tremendo potencial, pero con mi socio -Carlos de Carlos- creemos en la importancia de contar con viñedos propios para producir vinos de calidad y valor. Así es que decidimos partir por el sur con variedades de Borgoña. Tiene menos radiación que en la costa de la zona central, tiene suelos volcánicos, permite plantar en secano.

¿Sientes el peso de las expectativas que cargan los vinos Baettig?, ¿cómo lidias con ello?
El peso primero es con uno. Porque llevamos 10 años trabajando en esto. Hay harto esfuerzo. Me da un poco de pudor que el vino lleve mi nombre, pero queríamos rescatar la importancia del productor y del lugar. Estás atrás del producto. La cuestión tiene que ser buena. Por el lado de los críticos, mi aproximación con ellos es mucho más relajada. Esperamos que los reconocimientos lleguen porque el vino es bueno y tiene algo que aportar.

 

Hace solo unas semanas Seña volvió a obtener 100 puntos. ¿Ha marcado tu vida profesional? Si es así, ¿de qué manera?
Creo que los 100 puntos son muy importantes como reconocimiento a Chile, a Viña Errázuriz y a Eduardo Chadwick, no solo al vino, pero para mí lo más importantes es cómo ha ido mejorando consistentemente la percepción y el recono- cimiento del vino chileno en los últimos años. Antes te daban 93 puntos y hacías una fiesta. Hoy te deprimes. Pero claro, los primeros 100 puntos son los primeros 100 puntos, así es que eso tiene un tremendo valor. Los puntajes me parece son importantes para vinos icónicos, de valor y de terroir. No sé para qué algunas viñas mandan vinos comerciales, baratos e industriales a los críticos.
 

Bajo tu mirada, ¿qué le queda a vinos como Seña o Viñe- do Chadwick luego de llegar a esos niveles?, ¿cuál es el trabajo? ¿seguir consiguiendo puntajes perfectos o qué?
Siempre queda. Les queda convertirse en clásicos. Que cuando a cualquier periodista de vinos, Master of Wine, Master Sommelier, sommelier de restaurant Michelin, distribuidor de vinos de lujo, consumidor de vinos de lujo, les pregunten por ejemplos de los mejores vinos de Chile y del mundo, estos vinos estén en la lista. Estamos caminando para allá, pero faltan un par de peldaños.

Cuando hablas que vinos de ese tipo deben conseguir ser clásicos, ¿cómo deberían hacerlo?, ¿quiénes para ti, con nombre y apellido están en esa misma carrera?
Clásicos son los verdaderos íconos: vinos reconocidos desde el exterior, desde el consumidor, el crítico y el trade, no al revés. Vinos con una historia, con consistencia, con estilo que permanece en el tiempo, con reconocimientos, buenos precios y con dueños involucrados, valorados por los consumidores que saben de vino. En Chile ninguno cumple con todos los requisitos, pero los que más se acercan son Seña, Almaviva y Sol de Sol. Viñedos de Alcohuaz sin duda tiene esa vocación, pero necesita tiempo. Y hay otros que es necesario recuperar, pero no voy a dar nombres porque no quiero ofender a nadie.

Pero, por otro lado, ¿cómo comunicas a posibles consu- midores la calidad de un vino?, ¿alguna otra receta?
Supongo que tienes que comunicar otras cosas como el lugar, el suelo, el clima, la edad del viñedo, el material vegetal, el estilo que buscas, quiénes son tus importadores, qué cosas estás experimentando, cómo estás vinificando. Por eso es que no tiene sentido enviar vinos varietales a los críticos, porque esos vinos no tienen nada que contar. Lo que cuentas son puras obviedades y lugares comunes de márketing. Los puntajes deberían llegar como consecuencia de lo que es el vino.

¿Qué valoras del Chile de hoy?
Valoro lo que han hecho las viñas grandes, poniendo a Chile en el mapa, abriendo mercados, generando un volumen de negocio importante, generando empleos, pero me gusta mucho la aparición de productores más pequeños, que producen vinos de lugar, imagen, personalidad.
La diversidad de Chile es genial, el sur es genial, pero al final lo importante es tener una masa crítica de productores de vinos realmente buenos, que puedan llamar la atención a importadores y distribuidores relevantes, que son los que hacen la diferencia para vender vinos de valor, y para eso, como hablábamos con Pedro Parra hace poco, la cultura de vino y consistencia en calidad son fundamentales.

¿Cómo aumentarías la cultura de vinos en Chile?
Si supiera le vendería la idea a Vinos de Chile, pero supongo que focalizando los recursos en la promoción de vinos de valor, con personalidad y de lugar. No gastar recursos en promoción genérica. Creo que las propias viñas tienen la responsabilidad. En el fondo, hay que dejar de engrupirse al consumidor y enseñarle de verdad lo que diferencia los vinos, las cepas, los lugares, pero de un modo fácil, sin parafernalia, para que sea accesible.