Perfil: Angélica Valenzuela

La mujer más poderosa del vino chileno

05 de Abril de 2018

En apenas dos años asumió la gerencia de Wines of Chile y ahora acaba de tomar la posta del mercado interno. Luego de una vida vendiendo café, esta mujer de carácter fuerte y sonrisa fácil pretende ubicar a Chile en las altas ligas de la sustentabilidad y los vinos Premium.

POR ANA MARÍA BARAHONA

FOTO: SEBASTIÁN UTRERAS

Con 52 años estupendamente bien llevados, tres hijos hombres y una separación reciente, la mandamás de Wines of Chile acaba de asumir hace menos de dos meses los designios del mercado chileno del vino. “Estamos vendiendo un país y eso es alucinante”.

Angélica Valenzuela Correa solo ha tenido un trabajo antes de este: 24 años en Nestlé donde pasó de product manager a gerente de márketing. Es de esas personas intensas, “mandona pero de formar equipos”, que mira a los ojos y que se lanza a contar las buenas nuevas sin mediar pre- guntas. Bebedora de pinot noir, hoy se inclina por probar “todo lo nuevo que se me cruza”

-Llegaste de un mundo muy distinto, ¿con qué te encontraste?

Con una casa desordenada, había que ponerlos a todos bajo un objetivo común que fuera creíble: era hacer de Chile el primer país exportador del Nuevo Mundo Premium, sustentable y diverso, pero lo cierto es que eso ya existía pero sin la imagen de vino Premium y ahí nos enfocamos. Y hemos hecho una gran labor en Canadá, estamos súper bien en China...

-Suena muy exitoso, pero hay un gran problema y es que Chile no tiene imagen.

Hay que entender también que nuestras campañas son súper modestas. Apenas 400 mil dólares para China pero llegamos a 300 millones de chinos. Full redes sociales...

-O sea, estás satisfecha con estos avances...

Sí, estoy muy contenta. Me he dedicado a mostrar vino pero también Chile con campañas que tengan cultura.

-En el verano vino la compradora de Costco que es un gigante y estuvo un día en Chile y 6 o 7días en Argentina... ¿algo estaremos haciendo mal, no?

El caso de Costco fue una pena, una lata, obvio, pero hemos tenido otras visitas que han sido súper exitosas. Lo que pongo en la balanza es que hacer la pega de poner a Chile como un destino súper relevante y que sea una parada obligada. Entonces tú me pones ese ejemplo que es malo, pero yo tengo dos: Tim Atkin está viniendo de nuevo todos los años catando 1.500 vinos que haya venido el comprador de SAQ (uno de los monopolios de Canadá) y se haya llevado a 32 vinos nuevos para su listing, pucha, eso también suma.

-Pero me interesa entender qué lectura haces tú que uno de los principales compradores del mundo no muestre interés por Chile.

Es que no se puede abarcar todo el mundo y me imagino que para ellos nos somos prioridad en este momento y nosotros no podemos hacer toda la pega al mismo tiempo... yo estoy convencida que lo que estamos haciendo va a dar sus frutos.

-En esos esfuerzos, hay una viña importante, señera en el vino chileno como Undurraga que salió hace poco tiempo de WOC con harto ruido. Lapostolle también está fuera hace un par de años. ¿Qué opinas de eso?

Pero está entrando un montón de gente también...

-Pero vamos a los que se fueron y sus razones. Ellos son muy críticos a la labor de WOC y al peso real de las acciones que se hacen.

Hay un protocolo de las ferias, de las visitas para todos.

-¿Y es justo para ti?

Sí, es justo y transversal. De muestra un botón, hay viñas como La Ronciere que no estaban ni en el mapa y Peter Richards fue a verlos. Para que veas que no hay “exclusividades”, yo le di un día entero a MOVI con Tim Atkin. Estamos haciendo un trabajo súper democrático, con viñas de Itata. Yo me siento tranquila con eso.

-O sea, ¿no es obligación que una visita deba ir a Concha y Toro o a Casa Silva porque su presidente es de esa viña?

No, o sea yo te afirmo que no. Lo que te quiero transmitir es que cuando la gente se sale, independiente de si fue Undurraga u otra, lo que hay que decir es chuta tengo un montón de espacio por mejorar.

-¿Qué se puede hacer mejor?

Tenemos que lograr armar un set de actividades que les sirvan a diferentes tipos de viñas, con distintos objetivos.

-¿Y con las viñas grandes?, ¿siguen siendo ellas las que mandan?

Para mi, y te vas a reír, son las más fáciles de trabajar. Las viñas grandes tienen algo bien especial, sienten esa responsabilidad de construir Chile para afuera. Lo que no puede pasar es que por ser una viña grande quieras recibir más tú y no logres ver que estás siendo parte de un todo que está luchando por el cambio de imagen de los vinos chilenos.

-¿Cuál es para ti el gran mal del vino chileno para salir al mundo además de la imagen?

El free rider. El llanero solitario que se va por el lado pero igual quiere beneficiarse de la imagen pero no quiere pagar. Cuesta mucho que sean más generosos.

-¿Era peor el panorama en el mercado externo o interno?

Es más complicada la situación local. Hay que hacer mucho pero también creo que tengo más posibilidades de hacerlo.

-¿Cuál es diagnóstico que tú haces respecto al mercado interno que acabas de asumir?

Lo primero es que los chilenos nos sintamos orgullosos del vino. En Colombia tú a cualquier tipo que pillas en la calle, ama el café, respira café, entiende cafetal, alguien trabajó... eso no pasa en Chile y es algo que tenemos que trabajar.

-Pero la pregunta es, ¿seguirá existiendo una campaña de consumo donde el foco sea “tómalo como quieras”?

No, quizá fue contraproducente. Creo que hay que decir: anda tú mismo, viendo cómo te acercas. Es una invitación a no asustarse. Espero trabajar el canal moderno como un supermercado. Ahora somos una lata, quiero que esos pasillos sean entretenidos, cuenten una historia, que enseñen también. Otra cosa que es urgente es que la celebración del día del vino baje a todos. Hay que democratizar pero enseñando.

Quiero trabajar la copa de vino al almuerzo. Quiero trabajar la frecuencia del consumo que es muy baja pero con responsabilidad. Y otra tarea que me he propuesto es que el gobierno asuma que el vino es nuestro producto emblemático y cómo se hace cargo de eso.